Comarca Campo de Cariñena

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Materiales del paleozoico,

mesozoico y terciario

 

Materiales del paleozoico,

mesozoico y terciario

 

En esta zona de la Cordillera Ibérica hay materiales de edad muy variada: Paleozoico, Mesozoico y Terciario inferior, siendo los materiales paleozoicos los que presentan mayor extensión. El Mesozoico y Terciario quedan limitados a estrechas franjas adosadas al anterior y también a algunos afloramientos que sobresalen entre los materiales terciarios de la Cuenca del Ebro.

 

En este sector aflora el comienzo del Paleozoico (Cámbrico, Ordovícico y Silúrico).

 

Las rocas con mayor extensión son aquellas cuya edad es Ordovícico, pero en las proximidades de Aladrén y Vistabella también se localizan materiales cámbricos y silúricos. En general, las rocas son cuarcitas, areniscas y pizarras. Además, en el Ordovícico se encuentran también conglomerados, lutitas, margas, calizas y dolomías. Contienen, frecuentemente, fósiles y huellas de actividad biológica (icno-fósiles). La mayor parte de ellos se sedimentaron en zonas costeras de poca profundidad, por lo que, en ocasiones, se observan influencias deltaicas, de llanura mareal y de lagunas costeras. El espesor total de la serie en esta área sobrepasa los 4.000 m (Carls, 1975; Villas, 1983; Hernández Samaniego, 1989).

 

Por lo que respecta al Mesozoico, todas las subdivisiones del mismo están representadas, si bien de una manera desigual. De esta forma se encuentra el Mesozoico inferior (Triásico), en el que, generalmente, falta su parte basal, constituida por conglomerados y areniscas, pero sí que se hallan el Triásico medio con dolomías y margas (Meléndez y Aurell, 1989) y el Triásico superior (margas, yesos y dolomías).

 

Las rocas del Mesozoico medio (Jurásico) se encuentran en los afloramientos de las proximidades de Aladrén, Aguilón, Mezalocha y Muel (figuras 3 y 4-B). Están constituidas por dolomías, calizas y margas con un contenido fosilífero muy importante en alguno de sus niveles (Bulard, 1972; Sequeiros y Meléndez, 1979; Gómez Fernández, 1989). Finalmente, el Cretácico está escasamente representado (Aguilón) y solo afloran arenas, areniscas arcillas y calizas cuya edad es Cretácico inferior (Meléndez y Aurell, 1989). El espesor de todo este conjunto es algo mayor de 1.100 m.

 

El Terciario inferior (Paleógeno) aflora, al igual que en el caso anterior, en las proximidades de Aguilón. Está constituido por conglomerados, arcillas y calizas. Estos materiales se generaron en diversos sectores de ambientes de abanicos aluviales (Pérez, 1989). Su espesor está próximo a los 400 m.

 

Todas estas rocas están deformadas y han sido afectadas por el ciclo hercínico que estructuró a los materiales paleozoicos (figura 4-A) y por el ciclo alpino que afectó tanto al Paleozoico como a la cubierta sedimentaria mesozoica y terciaria basal.

 

En el Paleozoico hay una fase de plegamiento principal que desarrolló las estructuras más importantes y la esquistosidad presente en toda la zona. Las direcciones estructurales más abundantes son la NNO-SSE, NO-SE y N-S. Además se produjo un episodio de fracturación al final del Paleozoico cuyas direcciones principales son NE-SO y NO-SE. Estas fallas serán muy importantes ya que controlarán la sedimentación durante el Mesozoico y se reactivarán muchas de ellas durante la orogenia alpina (Álvaro, 1989, hoja de Azuara). En esta zona el accidente tectónico más importante es la falla de Datos, que separa las unidades de Herrera (al NO) de la de Badules (al SE y fuera del Campo de Cariñena). Es una falla inversa de gran ángulo y orientación NO-SE. En la unidad de Herrera hay tectónica de fracturación con individualización de fosas y horst que afectan al Cámbrico superior, Ordovícico y Silúrico.

Durante la orogenia alpina la tectónica de la Cordillera Ibérica se caracterizó por el comportamiento distinto de dos niveles: la base paleozoica y la cobertera mesozoico-terciaria (Guimerá y Álvaro, 1990). El nivel de despegue entre ambos lo constituyen los niveles yesíferos del Triásico superior. La cobertera mesozoica es básicamente carbonatada, con varios cientos de metros de espesor, que se ha deformado mediante flexión y fractura originando pliegues, fallas inversas, cabalgamientos y desgarres durante las fases de compresión y fallas normales en las etapas distensivas y también microestructuras.

 

El Paleógeno va asociado a dichos carbonatos y aparece plegado con ellos. En las cercanías de Aladrén, las direcciones del Triásico medio son ESE-ONO. En el área de Aguilón son casi E-O y en conjunto se observa un pliegue en el que hay cabalgamientos y fallas que son longitudinales y oblicuas a los pliegues. La compresión alpina fue de dirección N-S a NNE-SSO, lo que explica prácticamente todas las estructuras de esta zona con dirección general E-O (anticlinales de Aguilón y de Mezalocha, por ejemplo) a NOSE y los movimientos de las principales fallas de zócalo. Las direcciones de compresión NO-SE y NE-SO pueden ser el resultado de la desviación de la dirección de compresión principal NNE-SSO por grandes fallas de zócalo (Cortés, 2005).